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¿Me estabas llamando?


Un tema recurrente entre las familias con perros es la llamada. “No me hace caso cuando lo llamo”; “me mira de lejos y no viene”; “lo llamo y lo llamo y nada”; “¡ya va a ver cuando vuelva!”; y varias frases más que resultan harto conocidas y todas derivan del mismo problema: el perro no conoce una llamada firme.


Y cuando digo llamada firme no estoy refiriéndome a la firmeza que ponga el humano a su voz o a la potencia o “poderío” que tenga. Nada que ver. Estoy hablando de la llamada firme en el perro. Explicado en forma más fácil: que el perro tenga claro cuándo tiene que acudir al llamado del dueño, que sepa sin dudar que si le dicen tal cosa, tal palabra, tiene que venir volando.


El perro tiene que recibir señales claras y consistentes. No podemos pedirle algo hoy con cierto comando y lo mismo con otro mañana, o que con un mismo comando haga cosas diferentes. Por otra parte, se requiere habituación, repetición de un mismo patrón cierta cantidad de veces hasta que lo asimile como propio. Algunos lo aprenden con pocas repeticiones, otros necesitan más, todo depende de sus características genéticas, influencias ambientales y --en definitiva-- de su propia inteligencia y personalidad.


Por lo tanto, la llamada –casi lo primero y más necesario a la hora de educar un perro por su seguridad y la nuestra—debe ser firme y confiable. Pero no se logra de un momento a otro. Que el perro acuda feliz a nuestra llamada en el living de la casa no quiere decir que en el centro de la ciudad, rodeado de ruidos y gente, o en un parque donde hay decenas de árboles y olores por explorar, haga lo mismo. ¡Cuidado!


En tal sentido, para afirmar la llamada, como decimos en nuestra jerga, hay varias cosas que no debemos hacer y otras que sí o sí son necesarias.


ESTO NO


Veamos primero las cosas que no se deben hacer:

  • Nunca castigar al perro por no acudir al llamado. Si cuando finalmente logramos que venga, lo castigamos, nos estamos asegurando de que no lo haga otra vez o que lo haga de puro miedo y eso llevará inevitablemente al fracaso. Y, a decir verdad, ¿quién querría que el perro acuda a su llamado por miedo? Asimismo, tampoco se debe llamarlo para darle medicamentos, por ejemplo. Recordemos que su cerebro trabaja con la asociación.

  • No asumir que tiene firme la llamada. A menos que hayamos trabajado mucho, practicado en decenas de entornos diferentes y comprobado que funciona varias veces, no demos por sentado que nuestro perro es confiable a la hora de llamarlo. Por lo tanto, no es buena idea permitirle andar sin correa en cualquier lugar.

  • No retacear los premios. Aunque no lo parezca, acudir a la llamada es una tarea difícil para el perro. Por lo tanto, requiere un premio muy sustancioso para tanto esfuerzo. Para entenderlo mejor, si en nuestro trabajo nos desempeñamos de manera excelente, superando con creces lo que nos piden, resolviendo un grave problema, y la empresa no nos felicita o no nos ofrece un pago extra por ello, seguramente la próxima vez lo pensaremos dos veces antes de lanzarnos a tal proeza.


ESTO SÍ


Ahora, lo interesante pero seguramente difícil para el humano: lo que sí se debe hacer.

  • Usar una palabra o sonido único, solo para estas ocasiones. Debemos seleccionar una palabra o silbido o sonido equis que podamos emitir que sea usado solamente a la hora de la llamada firme; que siempre, absolutamente siempre, signifique que deba venir a nosotros enseguida. Esa será nuestra “palabra de emergencia”, la que evitará que sea atropellado por un auto, o que se enrede en una pelea con aquel perro que viene a lo lejos. Es una cuestión de lógica, si el perro escucha frecuentemente la palabra “clave”, dejará de serlo.

  • Reservar los premios más deliciosos para esto. Es decir, si le apasiona el pollo, las salchichas, el queso, etcétera, guardar ese tipo de premios solo para estas ocasiones. Eso será como el cheque incentivo.

  • Practicar, practicar, practicar. No me cansaré nunca de decirlo, porque de la repetición depende el éxito de cada ejercicio para que se convierta en un hábito. Y cada nuevo escenario será una excelente oportunidad para practicar esta conducta tan necesaria para su seguridad, nuestra tranquilidad y la felicidad de ambos lados en esta relación multiespecie que tanto queremos y podemos disfrutar sin contratiempos.

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Pierinna Isis Tenchio, educadora canina, jefa del equipo de traducciones de IAABC Español, editora del IAABC Journal en Español, jefa de Redacción de Diario EL TELEGRAFO, Uruguay.

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